lunes, 26 de marzo de 2012

QUEVEDO

Después que te conocí, todas las cosas me sobran: el sol para tener día, abril para tener rosas. Por mi bien pueden tomar otro oficio las auroras, que yo conozco una luz que sabe amanecer sombras. Bien puede buscar la noche quien sus estrellas conozca, que para mi astrología ya son oscuras y pocas. Gaste el Oriente sus minas con quien avaro las rompa, que yo enriquezco la vista con más oro a menos costa. Bien puede la margarita guardar sus perlas en conchas, que buzano de una risa las pesco yo en una boca. Contra el tiempo y la fortuna ya tengo una inhibitoria, ni ella me puede hacer triste, ni él puede mudarme un hora, El oficio le ha vacado a la muerte tu persona: basquiñas y más basquiñas, carne poca y muchas faldas. Don Melón, que es el retrato de todos los que se casan: Dios te la depare buena, que la vista al gusto engaña. La Berenjena, mostrando su calavera morada, porque no llegó en el tiempo del socorro de las calvas. Don Cohombro desvaído, largo de verde esperanza, muy puesto en ser gentilhombre, siendo cargado de espaldas. Don Pepino, muy picado de amor de doña Ensalada, gran compadre de doctores, pensando en unas tercianas. Don Durazno, a lo envidioso, mostrando agradable cara, descubriendo con el trato malas y duras entrañas. Persona de muy buen gusto, don Limón, de quien espanta lo sazonado y panzudo, que no hay discreto con panza. De blanco, morado y verde, corta crin y cola larga, don Rábano, pareciendo moro de juego de canas. Todo fanfarrones bríos, todo picantes bravatas, llegó el señor don Pimiento, vestidito de botarga. Don Nabo, que viento en popa navega con tal bonanza, que viene a mandar el mundo de gorrón de Salamanca. Mas baste, por si el lector objeciones desenvaina, que no hay boda sin malicias, ni desposados sin tachas.

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